LOS COLONOS DE CHICOLARITO PARTE 2

EVELIO SÁNCHEZ OSPINA

62 AÑOS

El señor Evelio Sánchez Ospina llegó al territorio cuando tenía 16 años, junto a sus padres. “Acá conocí a mi esposa, ella tenía 12 años y yo tenía 16 años, y nos fuimos a vivir juntos a los dos años, formamos nuestra familia aquí, ya llevamos 40 años juntos”

¿Cuál fue su rol como adolescente dentro de la colonia?

Nosotros los jóvenes cuando estaban tumbando los lotes y se escuchaban los machetes teníamos que prepararnos, subirnos a los árboles y estar en la jugada para decirles que ahí venía la policía, y todo el mundo se echara a perder. Nos quedamos arriba en los árboles y ellos decían “ve, esos acabaron de estar aquí”; a nosotros nos daba risa porque seguíamos arriba del árbol. Nos enseñaban a silbar como un pájaro para no delatarnos; uno escuchaba de lejos que otros silbaban y nosotros respondíamos: si silbábamos una vez era que no se podía y si silbábamos dos veces era que ya se habían ido, ahí era cuando llegaban todos otra vez; pero cuando la policía se devolvía se había tumbado muchísimo monte, una tronera la berraca, la verdad ya se había arreglado todo un lote, porque éramos muchos, y así se fue organizando; o nos mandaban para la comuna y llegaba de alguna manera la policía o el ejército, pero nosotros ya no nos importaba y seguíamos durmiendo, la pasábamos muy bueno; pero los colonos se fueron dividiendo con el tiempo.

ANA JULIA ÑAÑEZ

La señora Ana Julia Ñáñez llegó a el territorio cuando tenía 4 años, junto a 8 miembros de su familia: “ yo iba a visitar a mi mamá a la cárcel y pues era muy duro porque lloraba y le preguntaba que ella porqué no estaba en la casa”

¿En qué año llegó usted al territorio? ¿ De dónde vienen?

Yo llegué aquí cuando tenía 4 años y fue muy duro porque yo estaba muy pequeña y mi mamá se tenía que ir mucho, yo me quedaba con las compañeras de la colonia o si no me dejaban con mis hermanas, éramos ocho en mi familia.

Nosotros veníamos de Nariño, y en medio de toda la lucha que había entre los colonos, le pusieron una calumnia a mi mamá, de que la habían visto quemando una casa, y a mi mamá por eso se la llevaron para el Buen Pastor 4 meses, mi papá era el que nos cuidaba por acá.

Pero igual seguían los problemas, a mi mamá se la volvieron a llevar presa para La Cumbre y yo iba a visitarla, era muy duro porque yo lloraba, le preguntaba porqué no estaba en la casa y ella nunca me decía que estaba en la cárcel, me decía que estaba de paseo cuidando una señora, y yo sólo le preguntaba que cuándo iba a volver. Una vez un compañero me dijo que estaba presa y yo pregunté qué había hecho, y él me dijo que no había hecho nada, pero había conflicto en la colonia.

Luego yo ya había conocido a mi esposo y estaba en embarazo cuando llegaron unos policías y nos bajaron trotando con mi hermana que estaba en dieta y nos hicieron quitar los zapatos y descalzas nos llevaron trotando hasta la estación de policía del pueblo. Nosotras estábamos cosechando unos zapallos y supuestamente nosotras estábamos armadas y pues lo único que tenía era un machete para trabajar; nos tuvieron en un calabozo de un día para otro, llegó el inspector y yo le expliqué lo que había pasado y nos dijo que nos fuéramos, que no teníamos nada que hacer ahí; después a los días mi mamá salió de la cárcel y ya estaba más tranquila la situación.

Mis papás me explicaron que eso pasaba porque ellos estaban luchando para poder tener algo. Con el pasar del tiempo todo fue cambiando mucho. Mis papás decían que nunca iban a salir de su tierra pero les tocó vender porque se asustaron porque llegó la guerrilla.

 
Yo vivo muy amañada acá, creo que pasaré mis últimos días en la vereda, aquí construimos nuestra familia con Evelio y tuvimos todos nuestros hijos.


MARCO OVIDIO PARRA

60 AÑOS

¿Cuál fue su rol como niño dentro de la colonia?

Cuando yo llegué tenía12 años; mi rol como niño era estar pendiente de la llegada del ejército para avisarle a los compañeros que estaban trabajando, o sea nuestros papás. Teníamos que avisar por medio del cacho de una vaca, nos parábamos desde el filo más alto donde se veía cuando el ejército bajaba, y corríamos con el cacho a pitarlo; esa era la voz de alarma, la gente se escondía.

Éramos como 40 niños, las familias tenían de a 7 hijos. También los niños teníamos que ir hasta donde preparaban la comida y traerla a nuestra familia. Nosotros hacíamos columpios y nos divertíamos; además nos asustaban muchísimo: por aquí pasaba una mujer que se llevó más de 1 de por aquí; ella salía con dos maletas, le decían la “maletuda”, como a las 7 de la noche; existía una sola tienda que se llamaba Monterrey y ahí tomaban traguito; cuando salían los borrachos la enamoraban y ella les decía que sí y después se los llevaba, se alcanzó a llevar a dos para el cementerio y nos tocó verlos, pues a nosotros nos mandaban de niños a ir por la comida que era lejos en la montaña y eso era muy frío y uno tenía que ir obligado a traer la comida a los hermanos, éramos todos una familia.

Yo fui creciendo y empecé a ver peleas entre los compañeros del mismo grupo; y cuando yo tenía 18 años mataron a un señor por allá, y hubo muchas, muchas calumnias, y por ese problema me metieron preso. Yo estaba jovencito y salí a los 26 años.


¿Qué podría sugerir a la comunidad de la actualidad para trabajar en equipo?

En esa época uno pensó que cada uno iba a tener su parcela, pero no que fueran vendiendo: las generaciones nuevas fueron vendiendo, yo no lo podía creer, a uno siempre le infundieron que las tierras no eran para los ricos sino que era para los pobres, pero poco a poco los ricos fueron quedando con ellas, porque al fin y al cabo la pobreza nunca la superamos, siempre ha estado ahí, no se creó una empresa como para la juventud nueva, no había una escuela si no la de Palo Alto y solamente era primaria, la gente salía a prepararse a otra parte y nosotros éramos muy pobres.

LUZ ELY CARVAJAL

¿En qué año llegó usted al territorio? ¿De dónde vienen?

Mi papá fue el señor Evelio Carvajal, uno de los líderes del proceso. En 1972 hubo una toma nacional en todos los departamentos del país, fue una acción masiva de invadir tierra. La única toma masiva que hubo en el Valle del Cauca, fue acá.

Mi papá se vino para Chicoralito donde estaba la señora Leopoldina; ella nos dio permiso para hacer un ranchito; nosotros éramos 12 en la familia y donde Leopoldina eran 13, nos queremos mucho, nos criamos como una sola familia. Los domingos eran los mejores días para nosotros, porque Leopoldina llegaba con gordos de carne de la galería y como aquí había plátano, ella echaba todos esos gordos en un traste con los plátanos y con esa misma manteca hacia el arroz; esa comida era para todos, una cosa muy rica.

 
Mi papá era todero: él era el enfermero, aplicaba suero, entablillada, curaba a los enfermos, también ayudaba a los animales, y era carpintero: hacía los ataúdes de las personas fallecidas. Mi papá era ante todo una persona muy solidaria, yo lo recuerdo mucho a él armando camillas y sacando a los enfermos; después de que él murió yo era la que hacía lo mismo. Nosotros tenemos eso de él y de mi mamá, ella también es una persona muy recursiva, soluciona las cosas rápido, así somos todos mis hermanos.


¿Cómo se encontraban organizados como comunidad? ¿Por qué se desintegraron?

Acá existía un líder y una junta directiva, se presentaron los proyectos a una fundación en Estados Unidos y llegó una plata que eran como cinco millones, no recuerdo bien pero eso era un platal. Eso dividió mucho, al igual que los diferentes pensamientos, la gente se dividía porque si no se estaba de acuerdo con el uno o con el otro decían que había que sacarlo. Mi papá iba en ese camino si él hubiera seguido liderando, pero lo mataron. Era una época muy dogmática, algo así como que si no estás conmigo entonces estás contra mí. La muerte de mi papá y de otro señor Gaitán fue a raíz de eso; imagínense, llegar a matar a alguien por esas cosas.

Nosotros estábamos muy niños y yo vengo a entender ya después de mucho tiempo. Yo era la de la mitad, tenía en la cabeza que había que estudiar, por la tarde me iba a estudiar, también trabajaba con las mujeres. En el lote las mujeres la cosa era distinta, sobre todo Leopoldina, doña Deli y Empera eran muy solidarias, con mis hermanitos llegábamos de trabajar y ya nos habían guardado el almuerzo, hacían unos sancochos con arroz, fríjol, maíz o lo que hubiera.

En la actualidad, como comunidad yo siento que aún seguimos divididos de forma innecesaria, debemos entender la importancia de alegrarnos por el bienestar del otro y acabar con esa mentalidad de mendicidad, de que todo debe ser regalado. Yo ato todos esos cabos, y pienso que no valió la pena todo ese daño que se ocasionó, las muertes, las desapariciones y la división de la comunidad.

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